Frantz Fanon


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 





 

 

 

 


Mano Brown, rapper, figura destacada en la lucha contra el racismo de Brasil


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 






Un movimiento negro frente a una antropología:
Lucha por definir el racismo de Brasil

Danilo Clímaco

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resumen:
Es analizada la situación generada por el intento del grupo EnegreSer de hacer que la comisión organizadora de un evento de antropología estudiantil en Brasil se responsabilizara por un hecho de racismo ocurrido en su evento. A partir de ahí, busco reflexionar sobre los límites de la antropología como ciencia que estudia desde afuera una determinada realidad y apuntar a que los miembros de grupos oprimidos pueden, a partir de su propia experiencia como oprimidos, ofrecer discursos más eficaces no apenas sobre la opresión misma a la que están sometidos, pero también discursos más eficaces sobre la propia manera de conocer de nuestra sociedad y de la antropología. Propongo entonces dos actitudes que debemos tomar como pensadores sociales académicos: 1. Asumir la historicidad de nuestro pensamiento y los lazos sociales que nos sostienen y 2. Compartir nuestra autoridad de productores de pensamiento social con otros grupos sociales.

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"En una cultura con racismo, el racista es, pues, normal."
                             (Frantz Fanon 1980)

"La formación que recibimos de la antropología incluye un principio básico (...): es el principio de la sospecha, de la desconfianza en relación a verdades fijas."
                     (Alcida Rita Ramos 1995)

osotros, estudiantes de antropología de la Universidad de Brasília (UnB), organizamos el VIII Foro Estudiantil Latinoamericano de Antropología y Arqueología (VIII FELAA), en agosto del 2001. En la fiesta de clausura, a la cual fue cobrada una entrada de dos dólares, los vigilantes que contratamos cometieron un acto de racismo contra cinco estudiantes de la misma UnB, tres de ellos hombres negros, una mujer negra y otra blanca. No permitiendo que ellos estuviesen en la vereda del lado de fuera del Centro Comunitário, local donde fue realizada la fiesta, ubicado dentro de la UnB, universidad pública y abierta a la libre circulación de todos los ciudadanos. Los vigilantes también acusaron a uno de los estudiantes negros, Rafael dos Santos, de intentar entrar en la fiesta para robar cerveza. Los cinco estudiantes - a los cuales a partir de ahora me referiré como miembros del grupo EnegreSer (1) - escribieron una carta abierta, titulada "Problematizando el FELAA", en la cual colocaban a la comisión organizadora del VIII FELAA como cómplice con el racismo. Algunos días después de la divulgación de la carta, se realizó una reunión entre el EnegreSer y la comisión organizadora (esta compuesta por dieciocho estudiantes, dieciséis de ellos de antropología). También participaron en la reunión cerca de otros veinte estudiantes de ciencias sociales de la UnB que habían trabajado como "monitores" durante el VIII FELAA, la profesora Paula Vilas, del Núcleo de Estudios Afro-brasileños (NEAB) de la UnB y otros estudiantes de diversas áreas.

Los miembros de la comisión organizadora, simplemente, no comprendían la carta, estaban completamente desconcertados y alterados (2). Su reacción era de rabia perpleja. Ellos no comprendían el porqué de la agresividad del EnegreSer, como lo comprueban algunas de las frases que fueron dichas por la comisión, que aquí transcribo, de acuerdo con mi memoria: "si el racismo ocurre en todo lugar, ¿Por qué ustedes (miembros del EngreSer) tienen que decir que somos justo nosotros los que lo hacemos? - ¿por qué ustedes no hacen una crítica a toda la sociedad?", "todos somos racistas, incluso ustedes", "y ustedes? Qué es lo que ustedes están haciendo para cambiar las cosas?" y "nosotros trabajamos duro para hacer este foro y no vamos a permitir que nadie ridiculice nuestro esfuerzo". La concepción de la comisión organizadora era que el racismo es un hecho en el Brasil y ocurre en todo momento, por lo tanto no se es cómplice del racismo, porque no hay cómo controlarlo, aun si el racismo es cometido por las personas que uno mismo contrató para determinado servicio. La carta del EnegreSer fue entonces tomada como un acto de pura maldad e injusticia innecesaria, de tal modo que la única manera de entender sus motivaciones era colocarlas dentro del orden emocional: la rabia, unida a poca reflexión y a la falta de respeto, sería el motivo principal por lo cual la carta abierta fue escrita.

Mi posición fue favorable al EnegreSer pero, al mismo tiempo, yo no comprendía la esencia de la carta. Quiero manifestar mi insuficiencia vivencial con respecto al racismo para poder identificar todos los mecanismos que funcionan en su producción y en sus manifestaciones. De aquella reunión, antes de que ella empezara, yo esperaba una rápida conciliación entre las dos partes en conflicto. Ingenuamente, esperaba que el EnegreSer ablandara su discurso y que la comisión organizadora hiciera un formal pedido de disculpas por lo ocurrido en la fiesta y que, así, las tensiones rápidamente se disolverían.

Pero en la reunión el EnegreSer no ablandó su discurso y ni tampoco se interesaba por un pedido de disculpas formal. Su discurso fue mucho más duro en la reunión de lo que había sido la carta, como sugieren las palabras que me dirigió Renato algunos días después de la reunión: "yo, la verdad, ni iba a aparecer en la reunión, encontraba que no iba a servir de nada, pero en aquella mañana yo conversé con dos organizadoras del FELAA y no pude creer lo racistas que eran, entonces yo fui a la reunión solo para mirar a esos antropólogos y decirles en la cara que son racistas." Esa frase expresa bien el tono que juzgo haber encontrado en los miembros del EnegreSer en el día de la reunión: ellos no querían hacer concesiones y no querían tampoco concesiones por parte de los organizadores: de estos, ellos querían el reconocimiento del acto de connivencia con el racismo: "Asuman que ustedes son racistas, ese es el primer paso para cambiar" dijo Renato en una de sus intervenciones en la reunión. La carta formal de disculpas no representaría nada, la formalidad puede ser - y de hecho acostumbra serlo - una manera de disculparse sin compromiso. Creo que no eran grandes las esperanzas del EnegreSer de convencer a la comisión, pero eso no sería lo fundamental: era importante el hablarles directamente y el dejarles claro que su posición de representantes académicos del conocimiento sobre el campo social es precaria porque protege intereses de un grupo privilegiado.

Por lo que entendí de lo que proponía el EnegreSer y por la adaptación que hago de sus ideas a las mías, la comisión organizadora del VIII FELAA fue cómplice del racismo a partir del momento en que contrató una empresa de seguridad para vigilar la entrada de la fiesta e impedir que hubiese tumultos. Cuando los vigilantes intentaron obligar a los miembros del EnegreSer a salir de la vereda del lado de fuera del Centro Comunitário, estaban usando uno de sus mecanismos para mantener el orden: apartar personas cuyo perfil racial no se adecuaba al de los que frecuentaban la fiesta, es decir, de los que podían pagar para frecuentarla. Ser cómplice, según defendía el Ennegrecer, no es apenas ser consciente de una determinada situación de discriminación y dejarla ocurrir, pero es dar las condiciones para que esta ocurra, y eso fue hecho por la comisión organizadora; en ningún momento, nosotros nos detuvimos para reflexionar sobre las implicaciones que traería la contratación de la empresa de seguridad y, consecuentemente, no pensamos otras alternativas. Por lo tanto, no hay otro camino que no sea el reconocimiento de connivencia con el racismo, que significa el reconocimiento de estar implicados en los mecanismos de producción y de reproducción del racismo y, finalmente, el reconocimiento de ser racistas.

La idea (que es la del sentido común) de que el racismo ocurre apenas cuando una persona cree ser superior a otra por su constitución racial es insuficiente para dar cuenta de la dimensión del racismo en nuestra sociedad. Frantz Fanon, con la frase "En una cultura con racismo, el racista es, pues, normal" se dirigía a los franceses con el intento de mostrarles que el racismo es estructural y no dependiente de actitudes personales. El racismo brasileño, en esta concepción más amplia que propone Fanon - y que yo veo ser semejante a la que busca el EnegreSer - está imbricado en cada rincón de nuestra sociedad desde el momento en que creamos expectativas con respecto a una persona a partir de su condición racial y esto ocurre constantemente con todos nosotros.

Sin embargo, no fuimos nosotros antropólogos los que nos dimos cuenta de este racismo amplio, por el contrario, asumimos acríticamente la concepción del sentido común sobre el racismo, o mejor, nunca salimos de ella, la tomamos como una verdad fija. Aquellos que pudieron percibir la amplitud del racismo fueron precisamente aquellos que la sufren y, como propongo aquí, la percibieron precisamente porque la sufren.

La reunión entre la comisión organizadora del VIII FELAA y el EnegreSer fue, tal vez, el más importante evento del cual participé en la universidad, sin embargo, en este ensayo, yo desarrollaré apenas dos puntos de razonamiento a los cuales la reunión me impulsó, los cuales son fundamentales para mostrar mi concepción de la antropología y para mostrar el camino que escogí para escribir el conjunto de ensayos que componen esta monografía.

1. El racismo, como intenté mostrar, es permanentemente vivido en la sociedad brasileña de una manera diferente de la cual él es reconocido por los miembros de esta sociedad. La antropología que nos es enseñada en la UnB, como nos ejemplifica la citación de Ramos, se auto-considera especialmente apta para la reflexión y para el desmantelamiento de verdades fijas. La afirmación de Ramos no es una excepción, pero hace parte del sentido común antropológico y es repetida frecuentemente de una manera tan descuidada que nos muestra lo enraizada que está en el imaginario del antropólogo, al menos en la referida universidad. El antropólogo cree que su capacidad de deconstruir verdades está asociada a su entrenamiento para ingresar en su objeto de estudio y de, rápidamente, distanciarse de él nuevamente, tal como lo vemos en la cita de abajo, extraída del "Manual de Orientación al Alumno del Curso de Ciencias Sociales (Habilitación en Antropología)", que el Departamento de Antropología de la UnB dispone a sus alumnos:

(La disciplina Excursión Didáctica de Investigación) "busca permitir a los alumnos: (i) el desarrollo de las habilidades necesarias para su introducción en un cotidiano ajeno y, de esta manera, pasar por la experiencia de aproximarse a lo extraño y encontrar extraño lo próximo, que es el aprendizaje peculiar de la Antropología (...)"

Lo que el EnegreSer mostró en aquella reunión es para mí el límite de la capacidad de los antropólogos para encontrar extraño lo próximo. Si los negros de Brasil conocen el racismo brasileño en sus minucias, es exactamente porque no se alejan de aquello que viven. El antropólogo supone que existe un conocimiento imparcial proveniente de un observador foráneo que tiene una visión no contaminada con respecto a una determinada realidad y que esa visión no contaminada es la más adecuada para la comprensión y el análisis. El "nativo", no. Implícitamente, el nativo - tal como nos es descrito por gran parte de los profesores del departamento de antropología de la UnB - está imbricado en procesos sociales que determinan sus valores, los cuales le impiden tomar distancia y tener una comprensión más amplia de lo que vive. Es interesante pensar que ella es opuesta a la visión del sicoanálisis - y es, como veremos más adelante, también opuesta a la de la homeopatía. El psicoanalizando, como afirma la psicoanalista Vânia Otero, descubre verdades de su ser exactamente cuando penetra en ellas, no cuando se aleja. El psicoanalista no se comporta como una simple autoridad de conocimiento, sino que se abre a compartir un conocimiento con su analizando. ¿Por qué en el campo de lo social no sería así?. Considero esta concepción mucho más fértil intelectual y políticamente. Veo como extremadamente conservadora la noción del antropólogo de que es una visión que se aleja, que se torna extraña la eficaz para conocer. Y lo creo por una serie de elementos, que suponen que la antropología venga a parecerse a una criminosa perfecta, en los términos de Baudrillard:

"el crimen sólo es perfecto cuando hasta las huellas de la destrucción del Otro han desaparecido [...]. Con la modernidad, entramos en la era de la producción del otro. Ya no se trata de matarlo, de devorarlo, de seducirlo, de rivalizar con él, de amarlo o de odiarlo; se trata fundamentalmente de producirlo. Ya no es un objeto de pasión, es un objeto de producción.
Lo que define la alteridad no es que los dos términos no sean identificables, sino que no sean enfrentables entre sí. La alteridad pertenece al orden de las cosas incomparables. No es intercambiable según una equivalencia general, no es negociable" (apud SEGATO, 1998)

La creencia de que aquella persona que vive una determinada experiencia no la puede expresar adecuadamente porque está contaminada de valores, supone la existencia de una otra persona no contaminada, que, "formada" por el saber antropológico (implícita o explícitamente considerado científico) está apta para decir lo que tiene o no valor, o qué puede o no ser expresado. Así, una determinada realidad es cambiada por otra, sin que el cambio sea explicitado como tal. La realidad que el antropólogo ve pasa a tener un status científico que substituye la realidad que el nativo vive, sin embargo, toda esta operación es realizada de una manera tan banal, que no llegamos a percibirla. Esta es mi apropiación del crimen perfecto.

Pero, qué hacer cuando el nativo dice: "no"?, fue eso mismo que el EnegreSer hizo. El negro, no hace falta decirlo, es uno de los tradicionales objetos de estudio de la antropología. El primer gran libro de esta disciplina en el Brasil asesinó la negritud, la substituyó por otra y nuestro país aún no lo percibió. En "Casa Grande & Senzala", Gilberto Freyre describe un país donde las relaciones raciales son fundamentalmente harmónicas, los conflictos existentes son tenidos como parte de un proceso que culminaría en la armonía total. La vigencia actual de esa falacia es algo escandaloso y solamente se explica si percibimos la utilidad que ella tiene para la sociedad moderna, la cual supuso siempre un sujeto blanco, masculino y heterosexual. Lo que Gilberto Freyre hace es lo que yo llamaré aquí "acalmar", término que consiste en construir un mito que permita que una realidad desordenada - y en este caso violentamente instituida - sea leída por las clases dominantes y/o por las clases subalternas, como algo lineal, comprensible y no conflictivo. El trabajo antropológico en enorme medida se constituye gracias a esta función de acalmar: siempre matando y substituyendo. La antropología, como disciplina científica, fue útil en un determinado momento del desarrollo de la sociedad moderna para dar cuenta de otras cosmologías, para permitir que ellas no coloquen en jaque el ideal modernizador basado en la idea de un sujeto emprendedor, blanco, masculino y universal: única manera de ser humano. El deseo del sujeto moderno de compreender al otro, vendría - así como su deseo de compreender el mundo - com el deseo de dominación. El conocimiento propio de la modernidad, según Heidegger en "La época de la imagen del mundo", es el "proceder anticipador": el objeto de la investigación científica solamente puede serlo si es conocido de antemano, o sea, si ya de antemano pertenece al sujeto. El conocimento anticipador hace del objeto una propiedad de la investigación que previamente lo fija, no permitiéndole aparecer de una forma imprevista. Así, la antropología estudia, como nos esquematiza Rita Segato en "El paradigma del relativismo: el discurso racional de la antropología frente a lo sagrado", proposiciones lineales del tipo:

"X significa Y e Y se expresa en X, dentro del conjunto Z" (SEGATO, 1989)

Segato ejemplifica en su propio trabajo de campo para ilustrarlo. En su tesis de doctorado, ella trata de articular las características de cada hijo de santo (3) a un determinado perfil psicológico, pero el momento en que ese perfil es descubierto dentro de las familias de santo, ocurre cuando los búzios(4) son jugados y Segato no considera el juego de los búzios como un dato analizable: su investigación podría ignorarlo sin perder consistencia.

Entonces podemos pensar, de la misma manera que Heidegger piensa la disciplina científica de la história, que es precisamente aquel elemento fundamental y grandioso, lo que la antropología no puede apreender. Es objeto antropológico aquello que es mensurable y comparable. Lo específico, lo grandioso, es ignorado y silenciado, y haciendo repetir a Baudrillard, "La alteridad pertenece al orden de las cosas incomparables". La posición en que caen los búzios, la podemos ver como lo extraordinario, lo incomparable, de las comunidades afro-brasileñas y justamente por ese ineditismo, el juego de búzios es imposible de ser anticipado y así, es imposible de ser conocido. José Jorge de Carvalho apunta también a esa impossibilidad de la ciencia de llegar a lo extraordinário:

"(...) mi própia experiencia personal, de haber constatado la acuidad de inúmerables lecturas del juego de búzios practicado por miembros de los xangôs de Recife. Y más aún, de haber aprendido a jugarlos, con mis informantes, lo que implica profundizarme en una dimensión de la cual yo no puedo dar cuenta, racionalmente, como cientista social y académico, de la certeza de las afirmaciones que oso hacer cuando juego los búzios para alguien." (CARVALHO, 1993)

Para Carvalho, el juego de búzios estaría dentro de la experiencia humana de los oráculos, tipo de experiencia que está estudiada por la antropología de una manera "muy pobre" (ibidem). Aquí me gustaría pensar que la experiencia sufrida por los miembros del EnegreSer, tal como fue narrada por ellos mismos, ocupa un lugar tan inaccesible a la racionalidad del "cientista social y académico" como la experiencia oracular, porque fuera del discurso de coherencia que tomó su forma más concreta en Freyre. La experiencia de ser constantemente juzgado por su color de piel es tan inaudita para un antropólogo como la posición en que caen los búzios jugados por un iniciado en los terrenos del Xangô de Recife.

El racismo freyriano, que se encamina a un futuro harmónico, es lo único percibido por la antropología brasileña. Es una falácia que apenas sirve para fijar al antropólogo en un lugar de poder el hecho de que sea tenido como formado para desconfiar de verdades fijas. Porque el antropólogo ocupa tal lugar de poder y es algo que solamente podemos comprender cuando vemos el papel que le es asignado dentro de la sociedad, el papel de acalmar al hombre moderno de la certeza de su proyecto, el papel de impedir que la concepción de un otro radicalmente distinto llegue a confundir su auto-percepción de sujeto. Inclusive - y es probable que principalmente - las propias contradicciones inherentes a la sociedad del antropólogo deben ser silenciadas; o sea, el antropólogo debe afirmar constantemente que los sujetos de su sociedad disponen de los mismos derechos y es por eso que él no puede asumir ninguna postura que tenga una semejanza con el racismo estructural reivindicado por Fanon, ellos deben mantenerse en el nivel del racismo individual, pues así, el negro sistemáticamente excluído, no es tenido como un otro dueño de una experiencia radicalmente diferente - casi oracular - más es considerado como un individuo más, cuya experiencia de racismo vivida es apenas una variable. Sin embargo, creo que el lugar desde el cual habla el negro es radicalmente diferente del lugar del cual habla el blanco y su discurso puede desestabilizar profundamente el discurso moderno.

2. Como quise demostrar, el antropólogo defiende las redes sociales de manutención del racismo y forma parte activa de estas redes en la medida en que está situado en un lugar a partir del cual el discurso sobre la sociedad es legítimamente instituido de poder. Las redes que articulan el discurso sobre el racismo funcionan con precisión y mantienen el imaginario del brasileño alejado de una concepción más amplia sobre el racismo. Cuando Renato dice que no servirá de nada ir a la reunión con la comisión organizadora del FELAA, está implícita la consciencia que él tiene de que el racismo es un hecho ininteligible para quién no lo sufre. El racismo se comporta frente a la antropología como una alteridad radical contra la cual esta disciplina académica no tiene los recursos de aprehensión, o por lo menos, no moviliza estos recursos con la atención que requiera nuestra situación actual. Renato ya sabía la posición que la comisión del FELAA iría a tomar, las frases que allá fueran dichas acusando al EnegreSer de irrespetuosos, de chocante, eran frases ya previstas por él, y por eso, no debería haber consenso: un consenso sería un nuevo mestizaje, una nueva manera de igualar diferencias manteniendo el orden de jerarquía. De ahí que él diga a los organizadores la necesidad de que ellos reconozcan su propio racismo, de que ellos reconozcan la insuficiencia de los presupuestos en los cuales se basan.

Pero, si pensamos nuevamente el negro - y por tanto el EnegreSer - como un típico objeto de estudios de la antropología, podemos hacer una inversión irónica, más eficaz: en el contacto entre el antropólogo y su objeto, no es el antropólogo el que detenta la capacidad de descifrar al otro, es el objeto quien lo descifra. El objeto sabe lo que el antropólogo sabe, conoce sus mañas, sus limitaciones, sabe en qué red de poder él está imbricado, sabe para qué sirve. Y lo contrario no es verdad. El negro brasileño es socializado dentro del imaginário de democracia racial, pero cuando él pasa a percibir el racismo brasileño como parte fundamental del funcionamento de nuestra sociedad, él no apenas trae un nuevo punto de vista para el conocimiento social, como danifica - talvez irremediablemente - las bases en que se sustenta la antropología como ciencia, pues él muestra que la propia antropología está atada a los valores sociales que sustentan el racismo y apenas a partir de estos valores sociales es que ella se erige.

Viendo a la antropología como descifrada por su objeto de estudios, creo que su salida ahora es una abertura radical a nuevas maneras de conocimiento. No apenas en la medida en que pueda realizar un análisis más agudo a partir de diferentes puntos de vista, no se trata de que se perfeccione, sino que se transforme. Creo que la antropología debe dejarse llevar por las experiencias radicales a las cuales es sometida y así, poder comenzar por aproximarse a sí misma, buscar cuáles son los deseos implícitos a sí misma, cuáles son los objetivos sociales que ella cumple y que le permiten sobrevivir y, así, poder resurgir de otra manera, en otras formas de escritura, de autoría, en dónde una audiencia más amplia estará exigiendo interpretaciones cualitativa y políticamente diferentes, en dónde habrá un diálogo - tenso muchas veces, aunque ni siempre - con diferentes grupos sociales, que demandarán también, autoridad sobre el conocimiento social. En resumen, los antropólogos deberemos estar más concientes de la historicidad de nuestro pensamiento, de los lazos sociales que nos sostienen y menos celosos de compartir nuestra autoridad como pensadores.

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(1) Esos cinco estudiantes son Rafael Santos, França Júnior, Aida, Andréia y Renato. Antes del VIII FELAA ellos ya participaban en un grupo de estudios sobre las cuestiones relacionadas a la negritud, junto a otros "unbistas" negros, sin embargo, fue recién en noviembre del mismo año - después de ocurrida la reunión que ahora narro, que se dió en agosto - que ellos dieron el nombre EnegreSer a su grupo . volver

(2) No es relevante para mi análisis la posición que tomé en la reunión, pero mi orgullo me impide colocarme enteramente del lado de la comisión organizadora del VIII FELAA en este momento. Desde un início, dos miembros de la comisión, Ernesto de Carvalho y yo, aceptamos la legitimidad de la problemática presentada por el EnegreSer y la ilegitimidad de la defensa de la comisión, más como en breve defenderé, eso no nos colocaba como conscientes de toda la dimensión del acto de racismo ocurrido y tampoco nos excusa de nuestra responsabilidad como miembros de la comisión y propiciadores del acto. volver

(3) Una persona se hace "filha de santo" (hija de santo) en su ritual de iniciación en la religión Xangô de Recife - de manera semejante al Candomblé de Bahia o a la Santería cubana. En este momento la persona iniciada pasa a tener un santo (orixá) que le guía, de su orixá él o la "filha de santo" tendrá importantes rasgos en su personalidad. volver

(4) Búzios son un tipo de conchas. El juego de búzios del Xangô de Recife es un momento oracular en que la persona iniciada "echa" un determinado número de búzios sobre una canasta de paja y consigue leer lo que significa la posición en que estos caen. volver

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Bibliografia.

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